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Lula, el obrero que la historia no pudo enterrar

Del torno de metalúrgico a la cárcel de Curitiba y de vuelta al Palacio de Planalto: la historia de Lula es la de un hombre que se negó a rendirse, y su remontada histórica en el balotaje de Brasil es también una lección para cada trabajador.

Por José Veras · Opinión · Publicado el lunes 26 de octubre de 2026

Luiz Inácio Lula da Silva, presidente reelecto de Brasil
Lula da Silva: la mirada de un hombre que ha visto pasar la historia (foto: archivo).

Hay derrotas que se escriben en los periódicos y hay victorias que se escriben en la historia. La de este domingo en Brasil pertenece a las segundas. Luiz Inácio Lula da Silva, el niño pobre de Pernambuco que llegó a São Paulo con su familia huyendo del hambre, el tornero mecánico que aprendió política en las asambleas de los metalúrgicos, acaba de ganar su cuarta elección presidencial a los 81 años — y lo hizo remontando, contra las encuestas, contra la maquinaria del bolsonarismo y contra todos los que lo daban por acabado.

Su trayectoria no tiene comparación en América Latina. Fundó el Partido de los Trabajadores en 1980, en plena dictadura, cuando hacer sindicalismo era un delito. Perdió tres elecciones presidenciales seguidas —1989, 1994 y 1998— y no se rindió: en 2002 ganó y gobernó ocho años en los que decenas de millones de brasileños salieron de la pobreza con programas como Bolsa Família. Salió del palacio en 2010 con una aprobación que pocos mandatarios en el mundo han conocido.

Después vino el abismo. La operación Lava Jato lo convirtió en el hombre más perseguido de Brasil: condenado, preso en Curitiba durante 580 días, borrado de la boleta en 2018. Muchos lo enterraron políticamente. Pero la justicia, tarde, reconoció que su juicio no había sido justo: en 2021 la Corte Suprema anuló sus condenas y le devolvió sus derechos. Lula volvió, ganó en 2022 por un hilo, gobernó su tercer mandato y este domingo, cuando las encuestas lo daban por perdedor tras caer en la primera vuelta (47,03 % a 45,16 %), hizo lo que nadie había hecho jamás: remontar un balotaje en Brasil. 51,77 % contra 48,23 %. Más de 64 millones de votos.

Yo veo en esta historia algo más grande que una elección. Veo la prueba de que los pueblos no se equivocan cuando votan con memoria. Brasil pudo elegir el ruido, la mentira y el negacionismo —como el propio Lula dijo anoche en São Paulo, junto a su esposa Janja y su vicepresidente Geraldo Alckmin—, y eligió en cambio al hombre que le dio de comer cuando tenía hambre. Eso no se compra con publicidad: se construye gobernando para la gente.

Tampoco nos engañemos: lo que viene es difícil. Lula recibe un Congreso inclinado a la derecha y un país partido en dos mitades que apenas se hablan. Su promesa de anoche —hacer «el mejor mandato que un presidente hizo jamás en este país»— es enorme, y solo podrá cumplirla si gobierna para los 216 millones de brasileños, también para los que votaron en su contra.

Pero hoy, permítanme la conclusión de un periodista que viene de abajo, como él: la vida sí da segundas oportunidades a los que no se rinden. Lula perdió tres veces, cayó preso, lo llamaron acabado — y anoche Brasil lo volvió a elegir. Que cada trabajador que lee este periódico lo recuerde la próxima vez que sienta que ya no puede más.

José Veras — CEO, director del periódico El Expreso de Nueva York