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Brasil ante su noche decisiva: Flávio Bolsonaro llega favorito, pero la historia y 33 millones de ausentes le dan a Lula una última carta

La mayor democracia de América Latina elige presidente en un balotaje de infarto: las encuestas dan una ventaja mínima al hijo de Jair Bolsonaro, ningún candidato ha remontado jamás tras perder la primera vuelta, y el resultado final lo escribirán los que no votaron el 4 de octubre.

Por José Veras · Análisis · Publicado el domingo 25 de octubre de 2026

Lula y Flávio Bolsonaro, candidatos en la segunda vuelta presidencial de Brasil
Lula y Flávio Bolsonaro se disputan hoy la presidencia de Brasil en segunda vuelta (foto: archivo).

Brasil vota hoy con el corazón en un puño. Unos 158 millones de ciudadanos están llamados a las urnas en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, con voto obligatorio y un país partido en dos mitades casi exactas: de un lado, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, del Partido de los Trabajadores (PT), que busca un cuarto mandato a los 80 años; del otro, el senador Flávio Bolsonaro, del Partido Liberal (PL), heredero político de su padre, el expresidente Jair Bolsonaro. Las urnas cierran a las 17:00, hora de Brasilia —las 4:00 de la tarde en Nueva York— y el conteo electrónico del Tribunal Superior Electoral (TSE) suele dibujar una tendencia firme en pocas horas. Esta noche, Brasil tendrá presidente electo… o una noche muy larga.

Lo que dejó la primera vuelta

El 4 de octubre, contra casi todos los pronósticos, Flávio Bolsonaro ganó la primera ronda con el 47,03 % de los votos válidos (56,1 millones), frente al 45,16 % de Lula (53,8 millones). La diferencia, 2,2 millones de votos y menos de dos puntos, es la más estrecha jamás registrada en una primera vuelta brasileña, según The Guardian. Las encuestadoras, que daban a Lula por delante por tres, cinco y hasta seis puntos, fallaron de forma estrepitosa: el promedio de El País se quedó 3,6 puntos por debajo del resultado real del bolsonarismo. Ese error pesa sobre todo lo que se diga hoy.

Las encuestas: favorito claro, ventaja frágil

De las 17 firmas que han publicado sondeos desde la primera vuelta, 16 colocan a Flávio Bolsonaro por delante. El promedio de El País le otorga el 50,9 % del voto válido, contra 49,1 % de Lula. La última medición de AtlasIntel para Bloomberg, publicada este sábado, lo sitúa en 50,8 % frente a 49,2 %, con un margen de error de un punto: técnicamente, un empate con ventaja corta. Quaest lo pone 45 a 44, con los votos blancos y nulos cerca del 9 %. Los mercados de predicción son más tajantes: en Polymarket, donde se apuesta dinero real, la victoria de Bolsonaro se paga como probable al 77 %, y los modelos que simulan las seis segundas vueltas disputadas desde 2002 lo dan ganador en el 70 % de los escenarios.

Y sin embargo, el análisis serio obliga a dos advertencias. La primera: las encuestas brasileñas han subestimado al candidato de la derecha en las primeras vueltas de 2014, 2018 y 2022; si el error se repite hoy, Flávio ganaría con más holgura de la anunciada. La segunda juega a favor de Lula: en las segundas vueltas, los sondeos han acertado bastante más. Entre ambas verdades se mueve este domingo.

La montaña de Lula: nadie ha remontado nunca

El dato histórico es demoledor para el presidente: desde el regreso de la democracia, ningún candidato que terminó segundo en la primera vuelta ha ganado un balotaje en Brasil. Lula necesita hacer lo que nadie ha hecho. Su camino pasa por tres puertas estrechas. La primera son los más de 33 millones de electores que no votaron el 4 de octubre —una abstención del 21,08 %, la más alta en una primera vuelta desde 1998—, porque esa ausencia castiga sobre todo a su electorado popular: si el PT logra movilizar hoy a una parte importante de esos ausentes, el mapa cambia. La segunda puerta es el voto de los eliminados: los otros once candidatos sumaron cerca de un 8 %, la mayoría desde la derecha, y solo Ronaldo Caiado ha apoyado explícitamente a Flávio; la migración natural de ese voto es anti-Lula, pero no está cerrada. La tercera es su propio rechazo, que según Quaest bajó cinco puntos, hasta el 47 %: sigue siendo altísimo, pero se mueve en la dirección que el presidente necesitaba.

Seguridad y bolsillo: los dos campos de batalla

La campaña se decidió en dos terrenos. El primero es la seguridad: una encuesta de Quaest/Pax de septiembre encontró que el 28 % de los brasileños considera la violencia el mayor problema del país, por encima de la corrupción (22 %) y la economía (19 %). Es el terreno natural de los Bolsonaro, como reconoció el analista Brian Winter, de Americas Quarterly: la mano dura es su marca desde el origen. Flávio ha prometido declarar terroristas a las grandes facciones criminales —en mayo lo pidió formalmente en Washington y Estados Unidos anunció la designación en junio—, construir más prisiones federales y bajar la edad de responsabilidad penal a los 16 años. «Quienes creen que soy radical en materia de seguridad pública aún no han visto nada», advirtió el 13 de octubre, asegurando que ni el modelo de Nayib Bukele en El Salvador le parecería suficiente. Lula, en cambio, carga con la percepción de que la izquierda es blanda ante el crimen, y la campaña lo sabe.

El segundo terreno es el bolsillo. Datafolha midió en mayo que la salud (34 %) y la educación (15 %) encabezan lo que los brasileños piden al próximo presidente, con la seguridad (12 %) y la economía (11 %) detrás. El desempleo es bajo y el salario mínimo ha crecido por encima de la inflación, como presume Lula, pero la percepción manda: ocho de cada diez familias brasileñas tienen alguna deuda, y la sensación extendida es que el sueldo no alcanza. Los mercados, mientras tanto, ya votaron: tras la primera vuelta, la bolsa de São Paulo saltó más de un 8 % y el real se fortaleció cerca de un 4 %; el dólar bajó de 5,22 reales el 2 de octubre a rozar los 5,01 esta semana. Los inversores aplauden las promesas de Flávio de recortar el gasto, reducir ministerios y privatizar; pero el mismo mercado se cubre como nunca: la protección contra una caída del real llegó a su nivel más caro desde 2011. Euforia y miedo, al mismo tiempo.

El duelo personal y la sombra del padre

Esta elección también es una historia de familias y de cuentas pendientes. Jair Bolsonaro cumple una condena de 27 años, bajo arresto domiciliario, por planear un golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022, y está inhabilitado por la Justicia Electoral. Desde su encierro ungió a su hijo mayor como candidato, y Flávio se ha comprometido a indultarlo si llega al Palacio de Planalto: su primera gran decisión ya está anunciada, y sería un terremoto institucional. La corrupción ha sido el arma arrojadiza de ambos: Lula retó a su rival a que ambos entreguen a la justicia sus registros telefónicos y bancarios para demostrar «quién es corrupto y quién es honesto»; Flávio respondió con 19 condiciones y la campaña del presidente dijo no oponerse a ninguna. En el debate de la cadena Band, Lula soltó: «La mentira es el fuerte de la familia Bolsonaro». Flávio contestó: «Tu nariz está creciendo, Lula. Ten cuidado».

Los tres escenarios de esta noche

El escenario central, el que dibujan las encuestas y las apuestas, es una victoria de Flávio Bolsonaro por un margen corto, entre uno y tres puntos. Brasil se sumaría así a la ola regional: como ha contado este periódico, la derecha ha ganado 13 de las últimas 16 elecciones presidenciales en América Latina, empujada por la demanda de seguridad, y el presidente Donald Trump ha celebrado que «Sudamérica giró a la derecha». Flávio gobernaría, además, con viento a favor: el Partido Liberal salió de la primera vuelta como la primera fuerza del Congreso, con avances en la Cámara, el Senado y gobernaciones clave como São Paulo y Río de Janeiro, y su equipo ya habla de reformar la Constitución y de alargar el mandato presidencial a cinco años prohibiendo la reelección.

El segundo escenario es la remontada histórica de Lula. Exigiría una movilización extraordinaria de los ausentes y un voto útil contra el bolsonarismo por encima de lo medido. Si ocurriera, sería el triunfo más grande de la carrera del viejo líder sindicalista… y el inicio de un gobierno cuesta arriba: un Congreso más conservador que nunca y la mitad del país en contra. Los mercados, que han apostado fuerte por su rival, amanecerían el lunes en caída.

El tercer escenario es el que nadie quiere y nadie descarta: un final de fotografía, con menos de un punto de diferencia, en una campaña en la que ambos bandos ya se acusaron de «tretas» en las redes y buscaron anular la candidatura contraria. Brasil ya vivió en 2022 la tensión de un perdedor que no aceptaba el resultado. El voto electrónico y la rapidez del TSE juegan a favor de una noche corta de incertidumbre; la polarización, en contra.

Lo que miraremos esta noche

Desde El Expreso seguiremos el conteo con tres termómetros: la participación (si los ausentes vuelven, Lula respira), el Nordeste, el bastión histórico del PT, frente al Sur y el Sudeste bolsonaristas; y Minas Gerais, el estado que casi siempre anticipa al ganador nacional. Cuando el TSE proclame el resultado, esta será la portada de nuestra edición del domingo: Brasil habrá elegido entre cerrar la era de Lula o darle al apellido Bolsonaro una segunda oportunidad histórica. Lo único seguro, con los números en la mano, es que esta noche el país más grande de América Latina no va a dormir temprano.

Análisis de El Expreso de Nueva York, con datos del Tribunal Superior Electoral de Brasil y reportes de El País, Quaest, AtlasIntel/Bloomberg, Datafolha, CNN, Reuters y AP.

José Veras
CEO, director del periódico El Expreso de Nueva York